Mi primera vez con el snow ¡au!

Cuando tenía 12 años probé por primera vez el ski, si se puede llamar así… Os cuento. El colegio organizó el que sería mi primer viaje de estudios a Andorra. Recuerdo lo ilusionada que estaba. Un mes antes ya lo tenía todo comprado: pantalones, botas, chaqueta, gorro, gafas, guantes…

Llegamos al hotel y nos ubicamos en la misma habitación todas las amigas (por petición expresa de los profesores, éstas no podían ser mixtas). Desde la ventana podían verse las pistas de ski y mis nervios no hacían más que crecer.

A la mañana siguiente, me puse todas las capas como si de una cebolla se tratase y me dispuse a subir a las pistas donde nos esperaba un profesor para darnos las primeras lecciones. Poner los skis en paralelo, frenar haciendo cuña, abrir mucho los movimientos para no coger demasiada velocidad…

La teoría me la sabía pero a la hora de ponerla en práctica, algo falló. Tan solo media hora en pista (en la de principiantes, por supuesto) y ya me fracturé la muñeca. Algo que, como os podéis imaginar, me fastidió todo el viaje y mi primera experiencia con este deporte.

Desde ese momento, le cogí cierto miedo hasta que 5 años atrás decidí afrontarlo y volver a probarlo.

En esta ocasión no fui con profesor y me lancé a la aventura yo sola. Me senté en el telesilla rumbo a la pista azul y me conciencié en que no dejaría de intentarlo hasta que me defendiera.

Así fue como aprendí y como me aficioné a este deporte año tras año. No soy una experta, ni mucho menos, pero la adrenalina, la libertad y las vistas que ofrece me han conquistado.

Sin embargo, este año decidí probar algo nuevo: el snow. Muchas personas me lo habían recomendado y me decían que me gustaría incluso más que el ski así que me decanté y organicé el viaje a Port Ainé con Eva, mi amiga de Tarragona mallorquinizada.

Subimos a pistas ya con nuestras botas y tablas y los primeros intentos por la pista infantil fueron todo un fracaso. Pero ya dicen que a base de intentarlo una y otra vez se aprende ¿no?

De esta primera media hora solo puedo decir ¡au!! El coxis,las muñecas y las rodillas ya empezaban a estar resentidas pero no me planteaba, ni por asomo, darme por vencida.

Cogimos el telesilla y nos lanzamos a la pista verde ¡qué risas!! Solo os voy a dar un dato: tardamos hora y media en bajar. Caídas de culo, de lado, de frente… pensaba que me iba a romper enterita pero la actitud es lo que cuenta, así que por mucho que me cayese, me levantaba y continuaba todo con un ojo puesto en comprobar si mi amiga seguía con vida.

El snow es increíble. Es cierto que precisa más técnica y fuerza que el ski, por lo menos para mí, pero la sensación que te da de velocidad y como de estar flotando, no puede explicarse.

Balancearse, coger velogidad, frenar poniendo la tabla de frente.. sin ninguna ayuda adicional más que tu cuerpo y su equilibrio.

Una experiencia que, sin duda recomiendo y que estoy deseando volver a repetir.

¿Quién dijo miedo?

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